Sionismo del Siglo XXI

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Sionismo del Siglo XXI

Por Yakir Keren. Vicedirector de CUJA y representante de Keren Hayesod

Nos acercamos a una fecha muy especial que nos convoca a reflexionar sobre un gran milagro que sucedió en nuestra Nación. Cuando se celebró la Declaración de la Independencia de Israel, apenas 650 mil judíos vivían allí. Setenta años después, la población se multiplicó diez veces, ascendiendo a 6 millones y medio de habitantes judíos. Y eso para mí, como representante de Keren Hayesod en Argentina, tiene un gran significado. Por un lado, como profesional, porque fue KH la institución que se hizo responsable de asegurar que cada uno de los ieudim que en el transcurso de estos 69 años llegó a Israel, pudiera recibir ayuda básica, desde el pasaje de avión, el ulpán de ivrit o un centro de absorción para sus primeros meses.

Fuimos, y seguimos siendo, un pueblo perseguido por el antisemitismo y por movimientos anti-Israel. Sin embargo, y aunque somos un pueblo chico, podemos estar orgullosos de que tenemos nuestro país. Israel es un Estado de vital importancia para acoger a todo judío que lo necesita. Porque sabemos que muchos judíos llegan a Israel por necesidad, cuando en sus países de origen viven situaciones de antisemitismo, crisis o conflictos bélicos. Sin embargo, para mí, Israel es mucho más que un refugio para los judíos del mundo y nuestra tarea debe ser la de continuar con el sueño sionista, de construir y fortalecer al Estado de Israel, más allá de las épocas de guerra.

Es innegable que con la Declaración de la Independencia el sueño sionista se transformó, pero ¿cuál es la responsabilidad que tenemos las nuevas generaciones?

Cuento algo muy personal. En el año 2002 tres terroristas asesinaron, cerca de Ierushalaim, a Eial y Yael Zorek, una pareja de jóvenes recién casados que estaban esperando la llegada de su primer hijo. Durante la Shiva se acercaron sus amigos a apoyar a la familia y mientras revisaban los álbumes de fotos, recordaron uno de sus sueños: mudarse al Neguev cuando su bebe naciera.

El Neguev es una zona árida, desértica y lejana del centro del país, donde vive la mayoría de la población. A principios de los 2000, el Neguev estaba sufriendo “emigración negativa”, un fenómeno que generaba que los jóvenes, en cuanto terminaban la Tzavá, se mudaran hacia el centro donde tenían mayores posibilidades de conseguir trabajo. A su vez, ante esta tendencia, el gobierno dejó de dar apoyo a la zona, concentrándose en las ciudades con mayor población. Pero después de 60 años de independencia del Estado ¿se iban a cerrar ieshuvim y kibutzim? Eso era lo contrario a lo que proponía el Movimiento Sionista. Eial y Yael lo sabían y querían ser un ejemplo para su generación, mudarse al Sur y que en el futuro otros jóvenes siguieran sus pasos.

Finalizados los días de Shiva, los cinco mejores amigos de la pareja, decidieron realizar ellos mismos el sueño de Eial y Yael. Estos cinco “nuevos pioneros” querían llegar a aquellas ciudades que sufrían de “emigración negativa” y hacerle frente a la despoblación. Presentaron en la Universidad de Ben Gurion su proyecto de crear una Aldea Estudiantil en Ayalim, 40 km al Sur de Beersheva, para apoyar a los niños que vivían allí y más de 500 personas se presentaron como candidatos para participar. Ayalim fue la primera aldea juvenil de muchas otras que, con el pasar de los años, se abrieron en las ciudades de la periferia de Israel en el Neguev y la Galilea, como Ierujam, Dimona y Ayalim al sur y Kiriat Shmona o la ciudad vieja de Akko al norte.

David Ben Gurión pasó los últimos años de su vida en Sde Boker, un kibutz ubicado en medio del desierto. Él decía que vivir allí era un ejemplo para que la juventud entendiera todo lo que quedaba por hacer y dejó como legado su propia casa y su forma de pensamiento. En un homenaje por la conmemoración de la muerte de Ben Gurión, un comité de Keren Hayesod se comprometió en apoyar al proyecto Ayalim. Conseguir ese respaldo financiero significó cumplir un sueño que empezó con cinco chicos en una casa rodante y se convirtió en un programa para achicar brechas sociales y geográficas en la Galilea y el Neguev.

Yo participé en el proyecto desde que se creó y me preguntaba, en ese entonces, por qué a un judío que vive en Australia, Argentina o México le podría interesar. Por qué nos visitaban tres veces por semana y se comprometían a recaudar los fondos para construir nuevas aldeas. Fue uno de esos visitantes que me dijo que había sido la generación de mis abuelos, “los pioneros”, quienes llegaron a Israel después de la Shoa a secar los pantanos y palear las enfermedades. Luego estuvo la generación de mis padres, “los luchadores”, quienes participaron de las guerras que ponían en peligro la existencia de Israel. Una vez finalizadas estas etapas, los mayores querían para sus generaciones futuras que pudieran vivir en paz, sanos y salvos como cualquier joven en San Francisco, San Pablo o Buenos Aires. Eso es lo que ellos querían y lo que lograron, pero dejaron a nuestra generación, jóvenes de 18 a 40 años con un gran vacío. Fue por esta historia, de nuestro pueblo y nuestro país, donde queda tanto por hacer, que mi vocación me indicó que yo debería ocupar ese lugar.

Y en este trabajo de construcción tenemos el privilegio de contar con una organización que nos ayuda a traducir nuestros deseos en hechos. A mi criterio, tan cerca de 2018 y de la conmemoración de los 70 años de Israel, es mucho lo que falta por hacer. Con solo recorrer una hora y media hacia el norte o el sur, alejarse unos pocos kilómetros de Ierushalaim, Tel Aviv o Hertzlia, uno se encuentra con la otra cara de Israel. Esa Israel que absorbió millones de inmigrantes, que llegaron con grandes diferencias sociales y que para ser una sociedad más justa, debemos achicar, para que todas las personas puedan vivir dignamente.  Con todos los riesgos de seguridad que se viven constantemente, aún no lo pudimos lograr y no lo podremos lograr sin la ayuda constante de la diáspora. Y para mí es un gran honor estar acá como representante de Keren Hayesod, y poder continuar con el sueño de los padres del sionismo.