Pesaj en el Gueto de Varsovia

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Pesaj en el Gueto de Varsovia

Por Lic. Jonathan Karszenbaum*

En el Gueto de Varsovia llegaron a convivir unos 460 mil judíos. En vísperas de Pesaj, aquel 19 de abril de 1943, sólo quedaban 50 mil. Habían sobrevivido al hambre, al sometimiento, a las vejaciones y, sobre todo, a las deportaciones. El plan nazi era liquidar el gueto más importante. Querían regalar a Hitler por su cumpleaños una Varsovia “Judenfrei” libre de judíos. Pero en lugar de ello se encontraron con gueto con judíos libres, con esa libertad que celebramos en Pesaj.

La resistencia armada tuvo una desigualdad sin precedentes. De un lado el poderoso ejército nazi que había doblegado a toda Europa. Del otro, entre 600 y 800 jóvenes sin experiencia militar, mal alimentados y con pocas armas precarias. Lograron combatir durante tres días. Lograron resistir casi un mes. Dejaron una huella para la posteridad.

Dos grupos lideraron la gesta. El más grande fue el ZOB, compuesto por la izquierda sionista y el Bund, liderado por Mordejai Anielewicz. El otro fue la ZZW, de los sionistas revisionistas, liderados por Pawel Frenkel.

El Estado de Israel y el pueblo judío eligieron el levantamiento como emblema para recordar el Holocausto, tanto a los luchadores como a quienes no pudieron luchar. El sistema de exterminio nazi estuvo basado en la deshumanización y el engaño. Las posibilidades de resistir con armas fueron casi nulas. La mayor parte de las resistencias fueron sin armas, como la organización para esconderse, alimentarse, educarse y extender la supervivencia.

Este año vuelve a coincidir el 14 de Nisan con el 19 de abril. Podemos pensar en un puente entre los cuatro hijos de la hagadá y las cuatro formas analíticas de la Shoá: víctimas, perpetradores, testigos y justos-rescatadores.

Obviamente los perpetradores representan al hijo malvado. Pero los nazis demostraron que el mal no es potestad de locos enajenados, sino que puede ser ejercido por personas mentalmente sanas y muy bien educadas. Las víctimas judías representarían al hijo simple, porque sus acciones en esas terribles circunstancias partieron de la intuición, ante el brutal sometimiento. Aun así, fueron extraordinarias.

Los testigos indiferentes, los que miraron para otro lado, representan al hijo que no sabe preguntar. No supieron, no quisieron, no hicieron. Su silencio fue fundamental para que la Shoá tuviera tal magnitud. Los hijos sabios, que de todos modos deben escuchar el relato de Pesaj, son aquellos que arriesgaron sus vidas para rescatar judíos. Los rescatadores que Yad Vashem reconoce como “Justos entre las Naciones” nos legaron el mensaje de que siempre, aun en las peores circunstancias, podemos ayudar a quien lo necesita.

Probablemente los judíos que salieron de Egipto, poca idea tenían de lo que significaba ser libres. Pero los luchadores del gueto sí. Cuatro años antes eran 3.3 millones en Polonia, un 10% del total de la población. Luego de la Shoá sobrevivirían unos 300 mil y la mayoría emigraría del país. Polonia quedó prácticamente “Judenfrei” después de la Shoá. La tragedia dejó seis millones de judíos europeos asesinados.

Hemos aprendido en Pesaj que los eventos significativos de nuestra historia debemos relatarlos año tras año. Un mandato de memoria que es un valor esencial de nuestro pueblo. Es una lucha contra el olvido. Es un homenaje a quienes nos precedieron. Pero, sobre todo, es una forma de resignificar nuestro presente con valores para nuestro futuro y el de quienes nos sucederán. 

Jag Pesaj Sameaj y, como dice el himno partisano, Mir Zainen Do!

*Director Ejecutivo del Museo del Holocausto de Buenos Aires.

*Foto: Janov, Polonia, antes de la guerra. La familia de Ytzjak y Rajel Gachtmann – Archivo fotográfico de Yad Vashem 5573/5