«Llegó el momento de empezar a hacer algo»

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«Llegó el momento de empezar a hacer algo»

Entrevista a Romina Churba: mujer, judía y emprendedora

Romina Churba es una mujer que lleva la generosidad en la sangre. Heredó de su abuela y sus padres la entrega por la tarea solidaria y abrió, con el apoyo de su marido, Fundación Casa Grande. Su vida gira en torno a la posibilidad de ayudar a personas que están en condiciones desfavorecidas.  En una breve entrevista, Romina cuenta cómo nació el proyecto, cómo ve a las generaciones más jóvenes, y cómo piensa su rol como mujer en la Comunidad Judía.

¿Dónde nace tu sensibilidad por la solidaridad y la ayuda a otros?

En mi casa la Tzedaka siempre estaba presente. Mis padres son muy generosos aprendí y aprendo mucho de ellos. Mi mamá y mi bobe son dos referentes importantes en mi vida y fueron una inspiración para mí.  Hoy podría decir que, por la educación y los valores que me trasmitieron desde chica, fueron quienes despertaron en mí el observar y ayudar al otro.

Mi bobe, María Groisman, colaboraba como contadora de la División Femenina de CUJA desde que yo era una niña. Para ella ayudar y pertenecer era muy importante, lo hacía con la misma responsabilidad con la que hacía su trabajo. Ella siempre me trasmitía el amor y orgullo que sentía por CUJA.

Después, a mis 20 años, conocí a quien hoy es mi marido y padre de mis hijos Rafael Groshaus, quien tiene inculcado el ayudar como hábito de vida, lo admiro y aprendo mucho de él.

¿Y cómo se transformó tu inspiración personal en Fundación Casa Grande?

Hacía mucho tiempo yo estaba pensando en ayudar a la gente que más lo necesitaba y no sabía cómo llevarlo a cabo. Gracias a la generosidad de mi marido y mi familia, que me prestaron un depósito, pude comenzar con el proyecto solidario en julio de 2012. El día en que conocí el espacio donde empezó todo, recuerdo que cerré la puerta y dije: “bueno, llegó el momento de empezar a hacer algo”. Ahí surgieron miedos y dudas de cómo y con quién trabajar, o a quienes ayudar. Al poco tiempo me encontré con mucha gente que estaba dispuesta a colaborar y empezamos a recibir muchísimas donaciones. Con los años nos fuimos profesionalizando, sumando voluntarios y articulando nuestra tarea con instituciones.

Pero hubo dos cosas que tuve muy claro desde el principio: por un lado sabía que quería crear un puente entre personas que quisieran y pudieran ayudar y quienes necesitaban ser ayudadas. Por otro, no dude ni por un instante de que el nombre sería “Casa Grande”, que se deriva del apellido de mi marido, “Groshaus” (en Alemán).

¿Cómo te sentís en relación al Judaísmo?

Cuando pienso en judaísmo, lo primero que recuerdo es lo aprendido en el Scholem Aleijem, las fiestas y algunos shabat en los distintos templos donde iba con mi familia, tanto del lado materno azkenasi y sefaradi por el lado paterno.

Por otro lado, Casa Grande es una fundación sin fines de lucro, ni religiosos, ni políticos. Ayudamos a quienes lo necesitan. En ese sentido, llevo uno de los valores del judaísmo como un valor principal de nuestra tarea diaria.

También en mi familia, con mis hijos, intento llevar el judaísmo y sus valores practicándolo, siguiendo el camino de la Torá. Pero sobre todo, disfrutándolo y transmitiéndolo.

¿Y si pensás en Israel?

Las imágenes que tengo de Israel tienen que ver con un lugar sagrado, donde me emociona todo lo que vivo cada vez que estoy ahí: el idioma, la gente, la comida, los olores. La siento como nuestra tierra, nuestro lugar en el mundo, como judíos que somos.

Parte de mi familia paterna vive ahí desde hace muchos años. Yo tengo una familia numerosa, soy madre de 4 hijos y otra en camino, por eso, poder ir todos juntos todavía es un sueño pendiente.

Yo tuve la suerte de estar en Israel en mayo de este año, en un plan de mujeres. Ahí volví a conectarme con Eretz, ese país maravilloso, que nos pertenece como pueblo. ¡Ojalá pueda volver con todos cuanto antes!

¿Y cómo ves el lugar de la mujer en el judaísmo hoy en día? 

Veo que las mujeres tienen un rol muy importante, como lo fue siempre. Muchas están a cargo de liderar proyectos referidos a la trasmisión de valores, otras a cargo de la educación. Creo que los puestos más importantes de las grandes instituciones ya no están más a cargo de hombres exclusivamente, sino de quienes son capaces de manejarlos. Creo que hoy en día mujeres y hombres están preparados de igual manera.

¿Qué opinás sobre las nuevas generaciones?

Las veo muy involucradas, o al menos a quienes rodean a la Fundación. Los hijos de los voluntarios vienen una o dos veces por semana, destinan su tiempo libre a ayudar.

Creo que las nuevas generaciones son el futuro de nuestro país y es importante inculcarles a ellos la importancia del esfuerzo, el mirar al otro, el empatizar con el otro. Si logramos que entiendan la importancia de trabajar en equipo, escuchar al otro y ser socialmente responsables, no cabe duda que Argentina estará cada vez mejor.