«Jerusalem y yo», por Itzkaj Rabin

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«Jerusalem y yo», por Itzkaj Rabin

En el mes de la conmemoración de su muerte, compartimos un testimonio brindado por Itzjak Rabin en 1980

Permítanme contarles mi historia personal con Jerusalem: Hace más de 58 años  nací en Jerusalem y me crié como un niño y joven bajo el mandato británico. En calidad de judío, bajo dicho mandato no tenía oportunidad de llegar al Monte del Templo donde estaba el muro de los lamentos. Tampoco a Hebrón, allí están enterrados los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob.

La Segunda Guerra Mundial y el Holocausto del pueblo judío, que no tiene precedentes en la historia de la humanidad, se reveló con toda su fuerza trágica y en una de las raras circunstancias históricas, se despertó la conciencia mundial que permitió al pueblo judío tener un estado propio en parte de Israel. El mundo decidió acerca de la partición pero nadie se preocupó para que este programa se realizara.

El mundo árabe salió a la guerra contra el programa de la partición, y contra el surgimiento del estado judío porque se oponían a la idea de su existencia. Muchos en el mundo no daban ninguna chance a que los 600 o 700 mil judíos que vivían entonces en Israel se enfrentaran con los ejércitos de siete estados árabes que actuaban en conjunto con una población de 60 millones de personas.

En la década en la que tuvo lugar el Holocausto, mientras nosotros estábamos en guerra con los países árabes, ninguna nación del mundo movió un dedo para ayudarnos. El destino de los judíos en Israel quedó solo y  exclusivamente en sus propias manos.

Durante la época de la guerra de liberación, las fuerzas árabes focalizaron todos sus esfuerzos para borrar cualquier rastro judío de Jersualem. Muy pocos saben que durante los últimos 150 años había una mayoría judía en Jersualem. En esa época había alrededor de 100 mil judíos en la ciudad. El objetivo del mundo árabe era llegar a exterminarlos o establecer un sitio alrededor de la población civil que vio cortados todos los accesos de agua y alimento durante 3 o 4 meses.

Tuve el honor de comandar un regimiento del Palmaj y del Tzahal, que combatió durante la época del sitio a Jerusalem. La lucha por esta ciudad fue muy cruel y la inclusión de Jerusalem, como capital de Estado Judío, se transformó en un símbolo de la Guerra de la Independencia. La ciudad era bombardeada todos los días y la población pasaba hambre, sed, y no escuché que nadie en el mundo dijera una sola palabra acerca del hecho. Pero la brigada de Jerusalem a la que yo pertenecía consiguió romper el cerco y penetrar en Jerusalem, y así, gracias a los combatientes judíos, y no a ningún otro, el Estado Judío que recién nacía tuvo el honor de contar a Jerusalem, como su capital, aunque era una ciudad dividida. Tengo que confesar en mi calidad de comandante de ese pelotón, que a pesar de cuatro intentos, no conseguí que la Ciudad Vieja pasara a ser parte de la Jerusalem Judía. La Ciudad Vieja fue conquistada por el ejército jordano. Había en ella decenas de antiguas sinagogas, algunas de ellas con valor histórico de cientos de años; todas fueron destruidas hasta sus cimientos, no quedó ninguna en pie. Todos los judíos fueron tomados prisioneros y la ciudad vieja – que había estado habitada casi sin interrupción por población judía desde la destrucción del Segundo Templo – por primera vez se vació.

Desde 1948 hasta el 67, casi continuamente habían tiros, combates y bombardeos dentro de la cuidad y nadie en el mundo dijo que Jerusalem es una ciudad sagrada para tres religiones, y que se debe buscar una solución que evite transformarla en un eterno campo de batalla. Ningún judío tuvo acceso libre al Muro de Los Lamentos desde 1948 hasta 1967 ¿Acaso hay para un judío un lugar más sagrado que, en Jerusalem, que el Muro de Los Lamentos?

Llegó La Guerra de los Seis Días y no cabe duda que para todo el pueblo judío, para los israelíes y para mí personalmente fue la realización de un sueño. Después de 2.000 años, Jerusalem pasó a ser una ciudad reunificada, judía, y la Capital del Estado Judío, del Estado de Israel.

¿Qué pasó desde La Guerra de los Seis Días?

Es una ciudad que vive una vida plena. Una ciudad de culto para todas las religiones. Hoy cualquier cristiano, musulmán y por supuesto  judío  puede hacer lo que su religión le exige. Durante esos trece años no he escuchado ninguna queja de las iglesias de Jerusalem ni que a nadie se haya intentado molestar por ejercer su culto libremente.

Jerusalem está reunificada bajo la Ley Israelí y es la Capital de Israel, y así permanecerá para siempre.

Cuando miro hacia atrás, me pregunto a mí mismo: ¿Cuánta valentía, osadía e imaginación hubiera sido necesaria para hacer lo que hicimos y emprender el camino por el cual andamos? En 1948 luchábamos por la Jerusalem asediada, casi con las manos vacías, hoy en día (1980) el Estado de Israel es fuerte y grande y tiene todas las posibilidades para hacer lo que quisiera. Yo creo que se nos exige más ahora, y hoy si tenemos la misma que entonces nos sobrepondremos a toda dificultad. Por eso, para terminar, he venido la verdad, que como toda verdad, tiene luz y sombras.

Creo en la fuerza del Pueblo Judío y en la eternidad de Israel. Finalmente nos sobrepondremos a todos si conservamos la unidad judía y la solidaridad en el destino común.

**Testimonio de Rabin en septiembre de 1980 en su visita al Colegio Israelita de Córdoba y publicada por la revista “Continuidad” de Campaña Unida en el mismo año