Tecnologías en las aulas: una alianza necesaria

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Tecnologías en las aulas: una alianza necesaria

 *por Carina Lion – Dra. en Educación (UBA)

Los escenarios contemporáneos, entre los que se incluyen las tecnologías, indican que es preciso re-pensar nuestra enseñanza. Es cierto que han ingresado las tecnologías en las aulas a través de las políticas de inclusión digital de los últimos años, pero esto no ha implicado necesariamente un cambio sustantivo en la manera en que se concibe la enseñanza. Persiste fuertemente la secuencia lineal progresiva desde la cual hay que desplegar la teoría para luego aplicarla en la práctica; exponer autores y conceptos; desarrollar inventarios de contenidos extensos para evaluar si se “recuerdan” a través de distintos instrumentos de evaluación.

Muchas profesiones y disciplinas se han visto atravesadas fuertemente por las tecnologías (la medicina, la geografía, la contabilidad, entre otras) y los campos de conocimiento se construyen de manera diferente.  Es por ello que, la escuela como institución, se encuentra frente a una incomodidad necesaria. Tal como menciona Serres (2013.), el saber hoy se despliega distribuido en Internet y es de fácil acceso.  El desafío es, por tanto, el de “inventar”; crear algo diferente en nuestras aulas; propuestas que articulen de otras maneras con nuestros/as estudiantes; que los/as inviten a querer profundizar y a construir de manera colectiva caminos creativos y originales que vayan “más allá de la información dada” (Bruner, 1997). Entendemos que hoy más que nunca, estamos frente al reto de construir aulas distintas; de diseñar prácticas de enseñanza que favorezcan experiencias de aprendizaje relevantes; que dejen huellas profundas en nuestros niños y nuestras niñas.

En la educación judaica, además, pivoteamos entre raíces y vuelo; tradición e imaginación. Educamos en valores humanísticos que atraviesan la vida escolar y en vivencias que se vinculan con este “dejar huella”; nos comprometemos con el mejoramiento de nuestro entorno (“tikun olam”) y con la trascendencia que implica la cadena de la transmisión. En estas articulaciones entre tradiciones e innovación; contenidos y experiencias; valores y emergentes; la escuela y la comunidad; lo subjetivo y lo colectivo; las tecnologías encuentran un lugar potente de reconstrucción de las experiencias; de documentación; de abordaje de la diversidad de manera genuina; de enriquecimiento de la vida escolar y de la profesión docente.

Educar es asumir riesgos; implica experimentar, incluir, proyectar, crear, diseñar, analizar lo realizado para un mejoramiento continuo de nuestras prácticas. No son las tecnologías quienes traen los cambios educativos. Son las escuelas con visiones y horizontes inspiradores que crean las condiciones para el cambio y la mejora continua de sus propuestas. Escuelas que recuperan las tendencias y los desafíos de la cultura contemporánea; que apuesta a docentes que se forman continuamente; que reconoce que los y las estudiantes han variado en sus intereses y maneras de aprender. Escuelas que ponen en su centro aprender como instituciones; que diseñan espacios que motivan e inspiran; que generan propuestas significativas, actuales y valiosas para su comunidad; y especialmente, que promueven los ideales de equidad, justicia social y mejoramiento de nuestro mundo.

 

Referencias

Bruner J. (1997) La educación: puerta de la cultura. Madrid: Visor

Serres, M. (2013) Pulgarcita. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.