Contra viento y marea: el milagro económico israelí.

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Contra viento y marea: el milagro económico israelí.

Por Adrián Filut*

Es anti-ortodoxo el uso de terminología metafísica en análisis macro-económico. Sin embargo, lo que ocurrió con la economía israelí en sus primeros 70 años de existencia recuerda a un milagro. Los datos de apertura son nefastos, pésimos y desesperanzadores: rodeada de enemigos en casi todas sus fronteras; carente de agua, lluvias y recursos naturales (el gas ha llegado en el último quinquenio); con un amplio territorio árido y desértico; teniendo que absorber inmigrantes a quienes había que proveer de vivienda, empleo, educación y salud y que constituyen un cuarto de la población. Sin embargo, Israel está posicionado entre las 23 economías desarrolladas más avanzadas del mundo (OCDE) y consiguió destacarse en un sin número de variables macro-económicas, como la tasa de crecimiento económico, de desempleo, de participación, de deuda pública, de deuda externa, el número de Start ups, inversión en R&D, número de patentes per cápita, y más.

¿Cómo se explica este fenómeno? Su gente se especializa en transformar lo “malo” en “bueno”, la desventaja en ventaja, la crisis, necesidad y desafío, en una oportunidad y una palanca para crecer. Hace pocas semanas el Ministerio de Economía realizó una competencial llamada “Los 70 Grandes Inventos Israelíes Azul y Blanco”. En el concurso, el sistema “Cúpula de Hierro”, que consiste en el desarrollo de misiles que destruyen misiles, fue elegido como ganador. Este es un ejemplo clásico: toda la industria israelí, incluida la industria de alta tecnología que nos enorgullece tanto y tanta satisfacción (y billones de dólares) le han brindado a Israel, comenzó con una necesidad vital, un problema existencial: la amenaza a nuestra seguridad física. Sobre la base de esta “crisis”, se desarrolló una industria gloriosa. El tercer lugar lo ocupó el “riego por goteo” de Netafim. Un ejemplo igualmente sorprendente que convirtió una crisis en una oportunidad: la grave escasez de agua es lo que causó que los israelíes “se rompan la cabeza” y pensaran en soluciones que salven el valioso recurso.

El mundo entero reconoce esta particularidad de la economía Israelí, que demostró ser resiliente hasta a los conflictos bélicos: el crecimiento económico durante los periodos de las tres guerras que luchó Israel contra el Hamas en la última década, superó, en los 3 episodios, el crecimiento promedio de las economías desarrolladas durante la misma época. Durante la Segunda Guerra del Líbano en el 2006, se firmaron lo que para ese entonces fueron dos de las más grandes transacciones de compra (exits) de empresas Israelíes, el shekel se sobrevaluo frente al dólar al terminar la Guerra (después de haber caído fuertemente durante los primeros días) y la Bolsa de Valores de Tel Aviv termino en un nivel más alto que al principio de la guerra (luego de haberse desplomado en más de un 11% durante los primeros tres días de actividad).

En la actualidad Israel posee una economía fuerte, con un enorme potencial y una cultura de saber sobreponerse. El desafío actual es aprovechar todos estos logros para achicar las brechas: en los salarios, el nivel de vida entre los ciudadanos, pero también en la participación en el mercado laboral, en el nivel de productividad entre las industrias y en la inversión en infraestructuras con respecto al mundo desarrollado. Si Israel supo superar desafíos tan grandes en estos primeros 70 años, lo sabrá hacer en los próximos 70 años también, contra viento y marea.

*nació en Uruguay y ya lleva 20 años viviendo en Israel. Economista, periodista y comentarista sobre economía israelí con amplia trayectoria. Se especializa en macro-economía y políticas públicas